“La corrupción en el ámbito laboral”

El desarrollo de un negocio depende en gran medida de la ética laboral que sigan todos los individuos que la conforman. Anteponer los intereses personales por encima de los de la compañía, supone un grave riesgo para el futuro y generar corrupción en el ámbito laboral.

En la actualidad, las empresas cuentan con herramientas especializadas para hacer frente a problemas relacionados con extorsión, soborno, tráfico de influencias, fraude, robo, etc. Una adecuada línea de denuncias o línea ética de denuncias, es un gran instrumento para prevenir y afrontar los problemas al interior y exterior de la empresa, mediante su instalación en las organizaciones se evitan millonarias pérdidas y múltiples obstáculos entre el personal.

Por medio de una llamada anónima, cualquier miembro de la organización puede hacer visible un problema que afecte el correcto desarrollo de la compañía y se fomenta la honestidad laboral como estrategia contra la corrupción al interior de una empresa generando el ambiente idóneo para la práctica laboral en todos los niveles de la organización.

Una conducta éticamente correcta en los negocios está directamente relacionada con los medios elegidos para conseguir el bien de la empresa y además, con la plenitud que puedan alcanzar empleadores y trabajadores con la comunidad en la que se vive. Alcanzar dicha plenitud depende de la calidad moral de las personas y su capacidad para hacer de las organizaciones que dirigen o en las que laboran, espacios y lugares donde la ética esté siempre presente guiando su labor. Por ello, la ética no sólo trata de convertir a un individuo en buena persona, sino para ser un excelente profesional.

Una línea de denuncia, adaptada al entorno y necesidades específicas de cada organización, ayuda y genera conductas íntegras, responsables y leales de los empleadores y empleados en la cadena de negocios. Fortalece las relaciones de confianza y credibilidad y por ende, genera relaciones comerciales sólidas y honestas, desarrollando un bienestar sólido de la empresa tanto a nivel interior como exterior que aporta pasos firmes hacia el crecimiento de la compañía y sus trabajadores.

El combate a la corrupción como mecanismo de legitimación política en México

Los mexicanos desconfían de las instituciones de gobierno. Según el Barómetro Global de la Corrupción (2013), 73% de los entrevistados estima que las acciones del gobierno para combatir la corrupción son inefectivas mientras que 56% de los entrevistados en la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (2012) piensa que es poco o nada posible acabar con la corrupción en México. Por su parte, el Estudio sobre corrupción y actitudes ciudadanas (2006) señala que los mexicanos perciben una falta de mano dura en los casos de funcionarios corruptos toda vez que los castigos a éstos son poco conocidos.

Por otro lado, el Índice de Competitividad Global 2013-2014 que realiza anualmente el Foro Económico Mundial, ubica a México en la posición 105 de 148 países evaluados en el indicador que mide la confianza en la clase política. En ese sentido, resulta muy revelador el lenguaje utilizado en el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2014, cuya estrategia 1.4.3 consiste en “Combatir la corrupción y transparentar la acción pública en materia de justicia para recuperarla confianza ciudadana”. Es decir, la estrategia oficial del Gobierno de la República parte del supuesto que la confianza de los mexicanos en su gobierno está perdida. En el mismo sentido, Stephen D. Morris señala que la cultura mexicana de la corrupción se caracteriza, entre otras cosas, por la difusión de la desconfianza y el cinismo hacia el gobierno y los funcionarios públicos; lo que plantea consecuencias potencialmente desestabilizadoras y devastadoras, pues comprometen y erosionan gravemente la legitimidad del sistema. Lo anterior es especialmente relevante si se considera que gobernabilidad y legitimidad son dos conceptos íntimamente ligados. Un Estado democrático cuyo gobierno no goza de la confianza de sus ciudadanos es un Estado inestable y, consecuentemente, ingobernable. Por lo tanto, puede decirse que si la corrupción compromete la legitimidad de la clase política, su combate la fortalece.

Diversos estudios sobre la corrupción como la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental, los Estudios sobre Corrupción y Prácticas Ciudadanas, y el Latinobarómetro coinciden en que la principal preocupación de los mexicanos no es la corrupción, sino la inseguridad y el desempleo. Por lo tanto, si el combate a la corrupción se utiliza como bandera legitimadora por las administraciones entrantes, esto se debe a que, en cierta medida, es el problema más fácil de abordar. A diferencia de la corrupción, cuyos resultados suelen percibirse como más inmediatos y visibles –por ejemplo, la aprehensión de un funcionario público corrupto– enfrentar los problemas económicos y de inseguridad suele tomar más tiempo y los resultados muchas veces dependen de factores externos. De ahí que la mayoría de los presidentes entrantes hayan elegido a la corrupción como estrategia para ganar y/o recuperar la confianza de los ciudadanos y, por ende, legitimar su mandato.

Para Morris, la corrupción se usa retóricamente como estrategia política mediante la cual una nueva administración utiliza el ataque a la corrupción para disociarse de su predecesora, distraer la atención de ciertos problemas, destacar la legitimidad del nuevo gobierno y fomentar el control presidencial. Los actos que acompañan la “campaña anticorrupción” de cada nueva administración suelen ir acompañados de abundante cobertura mediática y por lo general tienen efectos inmediatos en la percepción y nivel de confianza del público en su desempeño. Por ejemplo, un análisis a través del tiempo del Índice de Percepción de Corrupción de Transparencia Internacional muestra que si bien la percepción de la corrupción no ha variado mucho durante presidencias priistas o panistas, lo que sí ha variado es la percepción de la corrupción dependiendo del periodo del sexenio que se analice.

De esta manera, y recordando que la puntuación de un país/territorio se basa en una escala de 0 a 100 -donde 0 implica que un país se percibe como sumamente corrupto y 100 como muy transparente–, se observa una disminución sustancial en la percepción de la corrupción en el primer año de mandato del Presidente Vicente Fox (2000-2006, PAN) pasando de 33 puntos en 2000 a 37 en 2001. Sin embargo, ésta fue aumentando conforme avanzó el sexenio llegando en 2006 al mismo nivel de 33 puntos que tenía previo a la alternancia política. La percepción de corrupción disminuyó nuevamente en los primeros dos años de gobierno del Presidente Felipe Calderón (2006-2012, PAN), obteniendo una calificación de 35 puntos en 2007, para nuevamente incrementar hasta llegar a 30 en 2011. En el año electoral de 2012 la percepción de corrupción nuevamente disminuyó a una calificación de 34, misma que se mantuvo en 2013, primer año de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018, PRI).

Fuente: http://www.animalpolitico.com/blogueros-blog-invitado/2014/11/28/el-combate-la-corrupcion-como-mecanismo-de-legitimacion-politica-en-mexico/

Los 10 estados con más corrupción en México

La incidencia de corrupción por cada 100,000 habitantes fue de 24,724 en San Luis Potosí, que encabeza la lista; le siguen el Distrito Federal y el Estado de México .

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en 2013 San Luis Potosí, el Distrito Federal y el Estado de México fueron las entidades más corruptas del país.

La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) midió las experiencias de la población al enfrentar una situación de  corrupción. Cabe aclarar que el tipo de corrupción que se abordó en la ENCIG es la que se genera en la realización de trámites, solicitudes de servicios y otros contactos con servidores públicos.

De acuerdo con la encuesta, por tipo de trámite, el de mayor porcentaje de experiencias de corrupción fue el contacto con autoridades de seguridad pública que registró un  50.6%, seguido del de permisos relacionados con la propiedad, con un 24.8%.

Por primera vez en el país, una encuesta que aborda el tema de la corrupción en el sector público proporciona la tasa de prevalencia e incidencia, es decir la proporción de población que tuvo contacto con un servidor público y vivió una experiencia de corrupción.

En este sentido, la ENCIG estima que la prevalencia de corrupción fue del 12.1%; mientras que la incidencia de corrupción por cada 100,000 habitantes fue de 24,724, cifra que expresa el total de experiencias de corrupción registradas en pagos, trámites y solicitudes de servicios públicos, así como otro tipo de contactos con servidores públicos durante 2013.

A partir de la ENCIG se estima que a nivel nacional, la tasa de incidencia de corrupción por cada 100,000 habitantes es de 24,724.

Las 10 entidades más corruptas de acuerdo con el Inegi
  1. San Luis Potosi
  2. DF
  3. Edo. De México
  4. Chihuahua
  5. Quintana Roo
  6. Tabasco
  7. Jalisco
  8. Tlaxcala
  9. Michoacán
  10. Oaxaca

Fuente: http://www.forbes.com.mx/los-10-estados-con-mas-corrupcion-en-mexico/